Un
viaje para descansar siempre puede abrir la puerta a conocer gente que se
destaque, acaso, en algo alejado de los gustos y los trabajos de uno. En una
escapada a Córdoba conocí a Hans Helmreich, quien hizo de su pasión por la bici
un estilo de vida.
Ejercer la docencia en
el conurbano, en ocho escuelas secundarias (sí: en ocho escuelas) es una tarea
extenuante. Ya me dedicaré en este espacio de hablar de ello, pero el
comentario viene un poco a explicar por qué hay momentos en los que necesito
viajar (¿huir?), recorrer espacios tranquilos, en donde la mente se distienda y
el cuerpo repose un poco. Hace poco más de un par de meses cumplí con un deseo: viajar a Villa General Belgrano. Había estado antes, muy
chico, pero en una de esas excursiones que te muestran más lo que te perdés de
ver que lo que podés ver efectivamente. Es curioso: voy cerrando esta nota en
la misma ciudad, durante mis vacaciones de invierno, con un remanente de mi
gripe que no sea va y sentado en el bar en donde ya estuve degustando
pastelería alemana. Porque aquí todo tiene un sesgo alemán: las casas, los
carteles de los negocios, los menús de los restaurants, las casas que ofrecen
cerveza artesanal y, desde luego, parte de la población, acuñada por una ola
migratoria que le aportó su toque local.
Hans Helmreich es parte
de esa historia, la de los alemanes que llegaron tiempo atrás. Aunque su origen
no sea exactamente ese, en su sangre hay un componente europeo. “Yo soy Hans, tengo
23 años, padre austríaco y madre descendiente de nativos de la zona”, dirá
cuando me siente a la mesa de su casa, mientras su mamá prepara la cena, y él
–tras un día de trabajo- me cuenta un poco de su historia. Lo que me cuenta en
parte me resulta conocido. Lo que me resulta más interesante es lo que subyace:
el idealismo juvenil que en mi otrora adolescencia o primera juventud brilló
por su usencia, la necesidad de cumplir con sus deseos, y la conciencia de lo
que necesita para cumplirlo.
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“El trabajo que hago empezó hace poco; hace estos últimos años en los que me dedico al BMX. De a poco, vas contactándote con gente que te va guiando y uno se va dando cuenta por dónde va el camino. Y uno va agrupándose para llegar a las metas más fácilmente. Con eso logramos formalizarnos y crear una ONG que se llama Estilo Libre”. Hans empieza a hablarme de su pasión, un deporte del que yo no sabía demasiado, y lo que sabía era por algún video clip que, al pasar, había visto en la MTV o en algún informe de noticiero. Entonces, se me hace inevitable la pregunta:
¿Por
qué la bicicleta?
Yo empecé por ahí. Soy
uno de los integrantes de una asociación, el vice-presidente. Pero desde que yo
empecé a andar en bici, también empecé a conocer a chicos de acá que están en
la movida. Y también asistíamos a un centro juvenil. El coordinador se llama
Ignacio Gato. Él trabaja en el desarrollo social, y era un buen guía para la
juventud. Era un punto muy hermoso en donde se desarrollaban eventos. Se
hicieron muchos campamentos y se organizaron festivales de música. Y también
organizamos un evento que fue un éxito, en el 2009; una competencia de BMX, que
es el free style pero en bici.
¿Podés
contarme un poco en qué consiste?
El free style BMX
consiste en una línea de saltos; vos saltás, estás en el aire, hacés
acrobacias, caés en una bajada y así sucesivamente, en los saltos que componen
la línea. Lo que yo hago es DIRT JUMP,
es un salto de tierra. Y se vuela en el aire, algunos metros para arriba, hasta
que caés.
Acercarse
al límite
Ya tengo varios años
más que Hans… y empiezo a hacer preguntas que posiblemente diez años atrás no
hubiera hecho. ¿Cuán peligroso es?,
le suelto, en medio de su explicación.
No
existiría tu trabajo social si antes no hubiera existido la bici, de alguna
manera.
No lo sé. A través de
esta organización, nosotros queremos presentarle alternativas a la gente; que
puedan elegir algo que no sea lo estándar que ofrece el sistema tal como está.
El dirt jump no está muy
desarrollado en Argentina. Sí en Europa y en otros países del mundo. Hay
competencias formalizadas y son eventos grandes, con mucho nivel de
profesionalismo.
¿Y
cómo se unió tu pasión por la idea de armar una ONG?
Esto pasó en año
pasado, en el 2015. Era una idea que ya venía de mucho antes pero el presidente
de esta ONG, Ignacio, estaba esperando que nosotros maduremos como seres para
poder avanzar. Que seamos pares, que pensemos ambos en lo mismo, en el
desarrollo social de las personas; en compartir, en dar el ejemplo de una vida
sana. Y demostrar que se puede trabajar de algo que realmente te gusta. El
motivo de esta organización es realizar proyectos a partir de las ideas de los
jóvenes. Si viene un pibe joven, que no tiene que ser sí o sí menor de 18 años,
porque no hay límites de edad, y quiere hacer algo y no puede, la idea es que
pueda él y todos los que vengan a hacer su actividad. Para dedicarle un tiempo
de su vida, o llegar a ser el mejor del mundo. Y para eso necesitamos una pista
de nivel principiante y, progresivamente, tener una de nivel para
profesionales. Lo mismo pasa con los chicos que tienen skate: no tienen lugar.
Son chicos y tienen que dejar de hacer lo que les gusta porque los echan a
patadas.
Encontrar
un espacio: el rol del Estado
“Estamos
tramitando un lugar. Acá, en Villa General Belgrano, hay un polideportivo, canchas
de fútbol, y hace siete años se nos destinó un lugar ahí”,
empieza a contarme Hans. Pocos días antes de volver a su ciudad y terminar esta
nota me comuniqué con él. Todo lo que leerán en relación al tema espacial ha ido mejorando.
¿En
qué consiste el trabajo para hacer pistas?
Agarrar una pala,
buscar tierra de donde sea e ir con una carretilla. O que alguien traiga
tierra; lo ha hecho la Municipalidad o los vecinos. No es algo imposible de
armar, pero necesita fuerza de voluntad. Ahora hay niños de 5 años hasta chicos
de 17. Yo soy uno de los más grandes. Y los padres hasta llevan a sus hijos.
Hay un abuelo que lleva a su nene. El otro día me dijo que cambió desde el
primer día que vino. Al nene, que tiene ocho años, le hacen bullying en el
colegio. Cuando vino me di cuenta de las limitaciones que tenía; no le hablaba
a nadie, se escondía. El pibe cambió, sigue teniendo ocho años y se ve un
trabajo de compañerismo entre los chicos increíble. Otro padre donó una pala,
de 680 pesos. Porque a veces las roban; no tenemos una casilla donde guardar
los instrumentos.
Trabajar
para crecer; crecer y tener que trabajar
“En
este momento estoy un poco limitado; necesito dinero y tengo que trabajar de
algo. Y eso me ocupa mucho tiempo. Estoy apuntando a acomodar las cosas de tal manera
en la que yo pueda brindar un servicio a la comunidad que me gusta, que me
complementa. De todos modos, lo que estoy haciendo es la bioconstrucción”,
dice Hans sobre su presente. Y yo pienso que, tristemente, la mayoría de mis
alumnos no tienen herramientas para forjarse un porvenir. Pienso que los más
grandes no me podrían hablar como Hans. Y no me refiero al tema. Podrían
hablarme de sus gustos o proyectos. El problema es que dudo que los tengan. Y,
por otra parte, no creo que lo hagan con su fluidez y la claridad de su
discurso. No tardaré en preguntarle si ha pensado en ocupar un puesto político.
¿Qué
es ser joven en una comunidad como Villa General Belgrano?
Acá, vos levantás la
vista y tenés para adónde correr. Eso en la ciudad no pasa. Yo estaba
trabajando en el 2013 en telecomunicaciones, en Buenos Aires. Sufría si me
quedaba más de quince días ahí, en esa jungla de cemento que tiene una energía
que no fluye. La gente se tiene que dar cuenta de que lo que hay que hacer es
volver a las prácticas biodinámicas; trabajar con la tierra, trabajar pocas
horas, trabajar con el cultivo. Algo que te llena de energía y buena onda. Hay
que consumir energías más livianas, que es lo que te da más placer. Lo comprobé
y tengo la certeza de que es así.
Una
vez, alguien me dijo que las pistas de skate empezaron a formar parte de una
estrategia del Estado para alejar a los jóvenes de las drogas. Nunca lo
corroboré, pero pienso que pueden cumplir esa función, de algún modo.
Acá, como en cualquier
parte, hay problemas con las drogas. Ponele que no hay actividades, si
solamente hay fútbol. Si a un pibe no le gusta el fútbol y no tiene nada para
hacer, supongamos que prueba una sustancia. La más fácil de probar es la
marihuana. Si vos no tenés una ocupación que te guste hacer, vas a estar
merodeando por ahí. Y si consumís sustancias de ese tipo te va a llevar a que
hagas más de eso, que es algo nada productivo. Un estancamiento. Por eso, como
a todas las personas nos gusta algo diferente, queremos brindar varias alternativas
dentro de los deportes alternativos. Si viene alguien y nos plantea “escribí
este libro y no sé cómo publicarlo”, nosotros a través de una asociación
formalizada con un respaldo jurídico podemos buscar la forma de financiar un
proyecto. Y las formas de financiar son infinitas.
¿Hay
detrás de todo esto algo vinculado a lo religioso?
No hay nada de eso.
Tenemos gente que es de un partido político, gente que es de otro, gente de
distintas religiones. Pero la asociación no tiene ninguna religión ni tampoco
es de ningún partido político. Somos una institución que está tratando de hacer
cosas buenas. Y elegimos el ejemplo. Organizamos en Facebook, por ejemplo,
juntarnos a limpiar, a sacar los papeles de un arroyo.
Las
vibraciones
La gente que está en el
Gobierno ahora es gente que va a la iglesia; una vez los vimos llevando el
Cristo grande en el hombre. Yo, en lo personal, no estoy de acuerdo con esas
vibraciones. Y esa gente que está ahora en el Gobierno y maneja esas
vibraciones tomó el centro juvenil. No va un chico al centro juvenil. Entonces
algo anda mal… Podemos laburar juntos, pero vamos a hacer las cosas como
corresponde. No vamos a hacer las cosas para sacarnos las fotos y justificar
nuestro sueldo. Lo que necesitamos ahora es un mejor terreno. (Nota del
redactor: en la actualidad, Hans asegura que están más cerca de conseguirlo). El
que tenemos es muy chico y ya no nos alcanza para hacer más pistas e incluir
otras actividades. Y menos para hacer un evento. Nosotros queremos hacer festivales
sanos; sin venta de alcohol y con variedad de comidas sanas.
¿Nos
es un poco difícil eso, en la ciudad más cervecera?
Sí, por eso hay que ser
astuto.
¿La
comunidad apoya la idea?
Los padres de los
pibes, y la gente que se sienta a verlos, dicen qué bueno es que estén ahí, y
no en la calle con una botella de alcohol y fumando. En el predio, yo les pido
a los chicos que no fumen ni tomen alcohol. Por respeto a los niños que vienen
acá, con sus padres. No podemos estar consumiendo esas sustancias alrededor de
los menores.
¿Nunca
pensaste en formar parte de un partido político?
Es algo que puede
llegar a pasar. Lo que estamos haciendo ahora nos da poder. Cuando la gente te
empieza a querer, te da poder. Entonces vos te postulás y si te quiere la mayor
parte de la población, te votan. Y te votan porque saben que sos mejor. Igual,
no lo pienso como algo que quiera ahora. Pero puede pasar en un futuro. Tampoco
quiero ser vicepresidente toda mi vida de la asociación. Nosotros tenemos la
idea de que tiene que ser un semillero. Nosotros queremos crecer todos juntos,
desde abajo.
Ser
minoría
¿Nunca
te llamó jugar a otro deporte, como el fútbol? Acá es un poco hegemónico.
No estoy en contra del
fútbol, pero sí del ambiente que se formó. La agresividad y la conflictividad.
Pasan cosas muy malas. Pero es lo que elige la mayoría. Y yo no me considero
parte de la mayoría; me considero parte de la minoría.
¿Nunca
quisiste ser mayoría?
No. Ya a los seis,
siete años, me insistían con la camiseta de Boca. Y ya no me gustaba el fútbol.
No quiere decir que en algunos momentos no me divierta jugando al fútbol, pero
sólo un partidito. No es mi actividad y no apoyo a ese extremo al que se llegó.
Debería disminuir un poco. Pero, de esta manera, nosotros estamos haciendo
crecer la minoría. Yo quiero vivir acá. Me siento en este lugar. En el lugar en
donde nací y tengo muchas para hacer, y son cosas que tal vez en Europa no las
podría hacer. Viajé a Europa, a conocer y a competir. Me quedo con esa idea que
es un poco más avanzada que la idea de los chicos que tienen acá. Ellos están
formalizados, tienen competencias con ranking mundial. Creo que se podría hacer
un muy buen evento acá.
¿Y
cuáles son los nuevos emprendimientos?
Estamos trabajando en
un proyecto para hacer un DIRT PARK
en Córdoba Capital. El costo que necesitan para hacerlo es menor, porque lo
haremos con tierra. Con material, es más caro. Es un trabajo, y sabemos que el
mejor trabajo en Argentina lo podemos hacer nosotros, por el conocimiento que
tenemos de las rampas. Tiene que ser benéfico para ellos y para nosotros, no
vamos a hacer nada gratis.
Fluir
en el aire
“En
todo deporte, lo que uno busca es ampliar los límites. Y lo que yo hago arriba
de la bici es fluir, es como ser un bailarín arriba de la bici. Hay algunos que
hacen solamente trucos y otros que fluyen; son cosas diferentes”,
piensa Hans, ya casi una hora después de hablar de su vida. Yo me doy cuenta
que habla de una energía que, de algún modo, todos podemos tener. Pienso que
sería bueno que mis alumnos conozcan su tarea; tal vez, los ayudaría a
inspirarlos en hacer lo que les gusta y trabajar para poder hacerlo mejor.
¿Los
mejores son los que mejor la pasan?
Son los que llegan a
puntos límites. Y, para hacerlo, hay que hacer otras actividades. Cuidar la
alimentación, la masticación. La respiración y la elongación son también
esenciales.
Cada vez que voy a la
ciudad veo a todos enojados. Y eso es lo menos que hay que hacer; estar
enojado. El punto más inteligente de un ser humano es cuando está tranquilo, y
el más burro es cuando está alterado, nervioso. Cuando vos estás tranquilo,
podés ver con más claridad cuáles son las opciones para elegir y seguir
adelante.
¿Cómo
tenés pensado hacer todo esto que te proponés, existe “un plan”?




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