miércoles, 27 de abril de 2016

KOOZA, o la parábola del reloj


KOOZA, UN ESPECTÁCULO DE EXCELENCIA
“Es un mecanismo de relojería” es lo que solemos escuchar cuando se nos intenta decir que algo está soberbiamente planificado. Se me ocurre que sería maravilloso que esa frase se aplique a nuestro sistema de transportes, por ejemplo (en el mundo real, bastante deficitario por cierto). Pero, ¿qué es lo que pasa cuando se emplea con el objetivo de elogiar a un espectáculo? ¿Podríamos decir que las mejores obras en cartel (Terrenal o El padre, por mencionar sólo dos casos) son “mecanismos de relojería”? Propongo un pequeño hiato para reflexionar sobre el reloj, objeto apreciado si los hay.

Naturalmente, el reloj al que me refiero (mejor dicho; al que se refiere el refrán) no es el digital. Es el reloj en el que encontramos mejor reflejada una concordancia milimétrica entre los mecanismos internos y esa entidad inmaterial y a la vez tan presente en la vida diaria que es el tiempo.

Cuando fui a ver el jueves pasado Kooza, tuve la sensación de que estaba frente a un mecanismo de relojería. Las luces perfectas, en tiempo y forma; los cuerpos en una labor soberbia, ajustados con cada mínimo destello, con cada nota musical creada por esa estupenda banda musical que ostentaba una marcada impronta oriental. Hasta en los momentos de mayor adrenalina (en este apartado, el número de los dos cilindros lidera el ranking) daba la sensación de que el riesgo estaba calculado y aplicado adrede, para tocar la fibra nerviosa de los espectadores de la forma más eficaz posible.

Yo ya había visto Saltimbanco, Alegría, Varekai, y Corteo (el que más me gustó, el más “imperfecto”, tal vez, el más “multiforme” y, tal vez por eso, el más “teatral”). Siempre amé el circo y siento mucho respeto por las artes circenses. De modo que ya tenía una idea de lo que implica el Cirque du Soleil; un espectáculo de excelencia, con un costo de producción superlativo, que lo pone a la par de la factoría Disney. Para colmo, la invitación fue para la premiere, con los famosos de turno posando para las fotos, sonriendo, firmando algún que otro autógrafo porque, claro, estábamos todos en “el” evento.

No voy a decir aquí que Kooza me encantó (lo hizo, de hecho) ni tampoco voy a decir en qué consiste el espectáculo (no pretendo, en este espacio nuevo, hacer una crítica). Solamente voy a decir que el arte tiene una autonomía arrolladora en donde funda su razón de ser. Tan así que aún en el arte mejor producido, el más sofisticado, entra en “contradicción” con las normativas que nos suelen modelar la subjetividad en el mundo en el que vivimos. Puedo decir, entonces, que no necesito de toda esa asombrosa parafernalia técnico/visual para sentir en mi cuerpo el riesgo, reír con furia, aplaudir de pie o incluso emocionarme. Puedo transitar esas emociones en los espectáculos mucho más modestos que se ofrecen el Polo Circo o en el circo La arena, bastión de Gerardo Hochman.


Kooza encarnó en esa fría noche la parábola del reloj, objeto capaz de aunar ciencia y metafísica pero que ya no nos sorprende, de tan habituados que estamos a él. Sabemos que sesenta segundos son un minuto, 60 minutos una hora. Y poco más de 150 minutos es lo que dura Kooza.

3 comentarios:

  1. La verdad te felicito, de seguro los espectaculos en el Polo Circo y La Arena deben ser buenos, pero cada uno va a ver al Cirque por los motivos que lo impulsan, yo voy porque me apasiona, solo veo los videos despues de ver el espectaculo, no antes, quiero sorpresa. Y si, todo es cuasi perfecto. Pero no concuerdo ni disciento sobre tu comentario. Porque es solo tu opinion, y la la verdad, me importa un rabanito. Monica.

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  2. Ah, yo se lo que es un circo, de esos que andaban por los pueblos, sudando la gota gorda, haciendo trapecio sin redes, y viviendo de la entrada barata. Esos todavia existian halla a fines de los 60. Te lo comento por si pensas que conocí el circo por el Cirque du Soleil. Todo el exito en tu vida.

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  3. Ah, yo se lo que es un circo, de esos que andaban por los pueblos, sudando la gota gorda, haciendo trapecio sin redes, y viviendo de la entrada barata. Esos todavia existian halla a fines de los 60. Te lo comento por si pensas que conocí el circo por el Cirque du Soleil. Todo el exito en tu vida.

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